LAS PENAS DE LA INQUISICIÓN ESPAÑOLA libros y lanzas

“Con la venia del Santo Oficio”. Las condenas de la Inquisición española.

Junto al proceso del Santo Oficio, las condenas de la Inquisición española siempre han sido un argumento negrolegendario contra España. Pero, ¿cómo de duras fueron en realidad?

Francisco Hernández Gordillo, pastor, vecino de Azuaga, de edad de treinta años.[…] Dijo por cierto que no es pecado pagándoselo a una muger tener parte con ella. […] Que otros años yban de mugeres al campo y hallaba quantas quería y que se hartaba dellas. […] Que salga al Auto de Fe y abjure de levi y se le den cien azotes y sea desterrado de Azuaga y su término por un año precisso.

(Relación del Tribunal de la Inquisición de Francisco Hernández Gordillo, 1581)

Aparejadas al proceso inquisitorial y encadenadas por pura lógica a la sentencia, las penas y las condenas siempre han sido el sello de plomo del Santo Oficio, el argumento negrolegendario por antonomasia al que los detractores de la Monarquía se aferraron para provocar lo que en toda regla fue una sangría propagandística contra ella. Una sangría que subsiste en el imaginario colectivo a pesar de los esfuerzos de algunos hispanistas como Henry Kamen, que sostiene que la Inquisición estuvo lejos de ser una máquina de la muerte, tanto por los propósitos como por lo que realmente podía llevar a cabo.

La condena inquisitorial se exponía a viva voz en el auto de fe al fin de la sentencia y era conocida simultáneamente por el reo y el público que asistía al acontecimiento. Más allá de la tétrica imagen construida en torno a hogueras incandescentes purgando el cuerpo y el alma del reo, desmembramientos in situ y cualquier otro tipo de ejecución lenta y dolorosa, la Inquisición española abría todo un abanico de posibilidades condenatorias que iban desde la pena de muerte ya mentada (aunque con matices) hasta la simple imposición del arrepentimiento y rezos varios.

Por ser tan diversas y complejas, el hispanista galo Jean Pierre Dedieu recogió y simplificó las distintas penas de la Inquisición española en tres categorías según el castigo: ESPIRITUALES, CORPORALES y FINANCIERAS.

Cuadro según Jean Pierre Dedieu

Las condenas podían ser combinables entre sí y de hecho así solía ser. Entre todas, las más comunes eran:

RELAJACIÓN AL BRAZO SEGLAR

Santo y seña de la Leyenda Negra inquisitorial y la más inusual, como demuestran autores como J. Pérez, H. Kamen o García Cárcel. La “relajación” equivalía a la pena de muerte, sin embargo, dado que el Santo Oficio era un tribunal eclesiástico, no tenía tal potestad, por lo que relajaba al reo a la justicia civil para que lo ajusticiase. Ajusticiamiento que se producía tras el auto de fe en otro lugar. Solía reservarse a los herejes, cuyo sacrilegio era equiparado al crimen de lesa majestad por atentar contra Dios. La hoguera era el destino final del reo, pero este podía arrepentirse y morir previamente por garrote vil.

RECONCILIACIÓN

Pasaba por el sacramento de la confesión. Bajo la fórmula de “Ego te absolvo a peccatis tuis in nomine patris et fili et spirictus sancti”, el individuo volvía al seno de la Iglesia Católica buscando: el perdón de sus pecados, una conversión pura, un sincero arrepentimiento o con voluntad de reparación.

ABJURACIÓN

El acusado debía reconocer públicamente sus errores heréticos o desviacionistas y mostrar su arrepentimiento, requisito incondicional para la reconciliación. Sin embargo, había tres tipos de abjuraciones según la gravedad del delito:

  • “De levi”: La más común. Alcanzaba a las culpas menores (impostores, bígamos, blasfemos…)
  • “De vehemendi”: Se aplicaba a aquellos cuyas pruebas apuntaban claramente a su culpabilidad herética.
  • “De forma”: La más grave. Para los confesados y declarados culpables.
    • La reincidencia de las dos últimas podía acaparar la pena de muerte.

SUSPENSIÓN

Podía significar la privación temporal o perpetua de la orden religiosa a la que perteneciese el individuo. También su exclusión puntual de la comunidad parroquial.

GALERAS

La más dura tras la pena de muerte porque suponía el fenecimiento casi seguro. No era inferior a los dos años de condena y estaba destinada a los delitos más denigrantes o a quienes parecía imposible rehabilitar. El reo era obligado a remar en las galeras del rey en condiciones inhumanas hasta la extenuación.

CÁRCEL PERPETUA

Podía ser revisable, pero según Joseph Pérez la Inquisición nunca la puso en práctica por la falta de medios y la escasez de cárceles. Como apunta Enrique Martínez, consistiría en un arresto domiciliario o la prohibición de abandonar el municipio. El reo podía salir a buscar trabajo ataviado con su sambenito ya que la Inquisición no tenía la obligación de mantenerlo. Además, en tiempos de Felipe II, a los tres años de la sentencia, si el condenado había demostrado buen comportamiento, podía sustituir el sambenito por penas espirituales.

AZOTES

De las más comunes. Se despachaba en público con una serie de flagelaciones al condenado.

DESTIERRO

Una de las más tormentosas. El condenado debía abandonar el solar de origen por un tiempo definido. Si la acusación era realmente grave se le podía destinar a un territorio fronterizo, como sucedía con los desterrados a Orán.

PROHIBICIÓN DE EJERCER OFICIO

El tribunal prohibía al condenado ejercer su oficio u otro concreto de manera perpetua o por un tiempo limitado.

CONFISCACIÓN DE BIENES

En función de la sentencia, el tribunal podía confiscar la totalidad de los bienes del condenado o tan sólo una parte en forma de multa o reparación de los gastos de manutención y del juicio.

MULTAS

Junto a los azotes la pena más común. El tribunal imponía al reo una sanción económica según la sentencia del mismo.

BIBLIOGRAFÍA:

  • Lea, Henry Charles. “Historia de la Inquisición española”
  • Tomás y Valiente, Francisco. “La tortura en España”
  • Henry Kamen. “La Inquisición española”.
  • Josep Pérez. “Breve historia de la Inquisición en España”
  • Enrique Martínez. “Felipe II”
  • PARES.

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