Estaba junto al rey Sancho un valeroso caballero llamado Rodrigo Díaz el Campeador, quien consiguió convencer a su desmoralizado rey de que todavía era posible reorganizar el ejército en desbandada y caer al amanecer sobre los leoneses y los gallegos (“De rebus Hispaniae”, Rodrigo Jiménez de Rada).

La Edad Media española fue, si cabe, la más rica, compleja y variada de toda Europa, a lo largo de su desarrollo, la antigua Hispania romana fue el damero sobre el que dos civilizaciones antagónicas trataron de hacer valer su mundo e imponerse al contrario, pero también fue escenario de los más enrevesados juegos de alianzas y de dinastías tejidos entre poderes sumamente fragmentados. Hacia mediados del s.XI la Península Ibérica se encontraba en continua pugna por el gran abanico de reinos y señoríos que la conformaban y a la que daban un carácter muy particular, una realidad única en la que el ser cristiano, judío o musulmán no era impedimento para jurar vasallaje o declarar la guerra al prógimo y al ajeno sin más justificación que el esbozo de un casus belli. Reinos cristianos -León, Navarra y Aragón- y taifas moras convivían en extraña pero cumplida simbiosis, merced al buen provecho y beneficio que los unos sacaban del pago de las parias de los otros.

Hacia mediados del s.XI los reinos cristianos y las taifas moras convivían en extraña pero cumplida simbiosis.

Tras la muerte de Sancho Garcés III de Pamplona en 1035, la Corona de León se convirtió en la potencia hegemónica, especialmente cuando su hijo Fernando se hizo con el trono de León tras la muerte de su cuñado Bermudo III en la batalla de Tamarón en el año 1037. Fernando I “el Magno” consiguió consolidar su nuevo reino, expandir sus fronteras y afianzar el vasallaje de las taifas de Zaragoza, Toledo, Badajoz y Sevilla. A su fallecimiento en el año 1065, Fernando decidió seguir la tradición navarra y, concibiendo la Corona como un patrimonio familiar, dividir sus posesiones, concediendo: Castilla a Sancho (primer territorio patrimonial por herencia); León a Alfonso; Galicia a García; la ciudad de Zamora a Urraca y Toro a Elvira. Sancho se convertía así en el primer rey de Castilla pero, sin embargo, no quedó contento con el reparto de la herencia y siempre aspiró a hacerse con León, la joya de la corona, alegando que el proceder de su padre incumplía los términos del derecho visigodo, que concebía los dominios de la Corona como patrimonio de la institución monárquica y no del rey. Las reclamaciones de Sancho para con Alfonso se mantuvieron en simples dimes y diretes hasta la muerte de su madre Sancha de León en noviembre del año 1067, momento en el cual se levantó la veda que impedía la agresión entre hermanos. Apenas un año después, en julio de 1068, ambos decidieron poner fin a las disputas con un encuentro decisivo a orillas del Pisuerga, en la frontera de sus respectivos reinos. La batalla de Llantada se saldó con la victoria de las tropas castellanas dirigidas por Sancho y su alférez Rodrigo Díaz de Vivar “el Cid”, sin embargo, Alfonso no cumplió lo pactado y huyó por no desprenderse del reino de León.

Sancho de Castilla nunca quedó contento con el reparto del reino estipulado por su padre y siempre aspiró a arrebatar León a su hermano Alfonso.

Sancho II “el Fuerte”

No murieron aquí las relaciones entre ambos hermanos, pues al año siguiente Alfonso asistió a la boda de Sancho y en el 1071, de plena conformidad, los dos acordaron repartirse la apetitosa Galicia de su frater García. Despachados estos pormenores las aguas volvieron a su cauce y con ellas la inquina entre Sancho y Alfonso. El 11 de enero de 1072 los dos reyes se verían de nuevo las caras en Golpejera, muy cerca de Carrión de los Condes según la “Crónica Najerense”. La batalla se planteó con el mismo propósito que la de Llantada: fin de las rencillas con una victoria que supondría la anexión del reino del perdedor. Apenas quedan testimonios del encuentro, pero el arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada la narra así en su “De rebus Hispaniae” allá por la primera mitad del s.XIII:

Y habiéndose reunido en un lugar que se llama Golpejera, junto a la orilla del río Carrión, después de producirse en la batalla graves pérdidas en uno y otro bando, finalmente resultó vencido el rey Sancho, y como se arriesgara a emprender la huida, el rey Alfonso, que no quería ensañarse con cristianos, ordenó que nadie se atreviera a perseguir a los huidos. Estaba junto al rey Sancho un valeroso caballero llamado Rodrigo Díaz el Campeador, quien consiguió convencer a su desmoralizado rey de que todavía era posible reorganizar el ejército en desbandada y caer al amanecer sobre los leoneses y los gallegos, que estarían desprevenidos pues aquéllas gentes solían pavonearse y ridiculizar a los demás en los momentos de triunfo y lanzar graves amenazas en los de derrota. Por esto se durmieron ya avanzada la madrugada, agotados tras una noche de charla y se vieron sorprendidos por el rápido ataque del ejército del rey Sancho, y capturados muchos, muertos otros y los demás puestos en fuga, también es capturado el rey Alfonso en la iglesia de la Santa Virgen, que se encuentra en el recinto de Carrión, y es conducido preso a Burgos…

“De rebus Hispaniae”, Rodrigo Jiménez de Rada

Tras la batalla de Golpejera en enero de 1072, Sancho se hizo con el trono de León y Alfonso fue desterrado

Alfonso VI “el Bravo”

La “Crónica Najerense” (1173-1194) cuenta que fue una batalla sumamente cruenta: utrobique postrernitur, utrobique ceditur, mutua caede; concuerda así con la “Estoria de España” de Alfonso X “el Sabio” que afirma: et murieron y muchos de cada parte. Sea como fuere Quid plura? (¿Qué más da?), se pregunta la “Crónica Najerense”, el rey Sancho llevó a su hermano encadenado por todos los castillos y ciudades, para escarnio del derrotado y gloria del vencedor. El día 12 de enero del año 1072 Sancho de Castilla es coronado solemnemente como Sancho II de León, desterrando así a Alfonso -que partió a la taifa de Toledo- y volviendo a unir bajo una misma corona la real herencia legada y fragmentada por su padre. Poco duraría la miel en los labios de Sancho “el Fuerte”, que tan solo unos meses después, en octubre, conocería el gélido abrazo de la muerte a las puertas de la tempestuosa Zamora.

Bibliografía:

  • “Crónica Najerense”.
  • “De Rebus Hispaniae”, Rodrigo Jiménez de Rada.
  • “La época medieval”, José Ángel García de Cortázar.
  • “La batalla de Golpejera: historia, literatura y toponimia”, José María Anguita Jaén y Lourdes Burgos Hervás.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Navega fácil