Hay vidas que dan para una novela, vidas llenas de aventuras, peligros inenarrables, proezas inimaginables, desafíos constantes a la muerte… Vidas legendarias dignas de ser contadas. Desde que Homero recitara la Odisea allá por el s.VIII a.C no han sido pocos los poetas y juglares que, con sus trovas y prosas, han encumbrado y mitificado a personajes de bandera que han tenido la ventura de coronar los pasajes más intrépidos de la Historia. La leyenda narrativa y la idealización han sido de muy buen provecho para alimentar el halo mágico que rodea a toda esta legión de almas novelescas que llevan surcando el imaginario popular desde hace siglos. Sin embargo, hay excepciones, excepciones que marcan la diferencia y diluyen el mito, excepciones de aventureros de verdad, cuyas vidas son comparables al viaje de Ulises y no tienen nada que envidiar a ninguna leyenda grecolatina o medieval, excepciones como la de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, primer explorador de Norteamérica y superviviente nato.

Antes de enrolarse en la expedición de Narváez, Cabeza de Vaca combatió en Italia y en la Guerra de los Comuneros.

Nacido en Jerez de la Frontera allá por el año 1490, la vida de Alvar Núñez fue una constante lucha contra la adversidad. De condición hidalga, cuenta el historiador Javier de Carlos Izquierdo que siendo muy joven quedó huérfano de padre y madre, sin más amparo y tutela que la que le brindaron sus familiares. La oscura estrella de Cabeza de Vaca nunca pudo eclipsar su fuerza de voluntad y el espíritu indomable que siempre lo guio, espíritu infundado por su abuelo Pedro de Vera, quien participó en la Guerra de Granada y culminó la conquista de Tenerife. A sus 27 años, Cabeza de Vaca se enroló en la expedición de Pánfilo de Narváez a la Florida, para entonces el jerezano contaba con una curtida actividad bélica a sus espaldas: en 1511 participó al servicio de Fernando el Católico en las campañas italianas; apenas 10 años después luchó del lado de Carlos I en la Guerra de las Comunidades y poco antes de su viaje a América sirvió al duque de Medina Sidonia. Alvar Núñez embarcó en la expedición del “grave” Narváez con el rango de tesorero y segundo de mando. La empresa, compuesta por unos 600 hombres y 5 barcos, sería la primera incursión y exploración europea en América del Norte y tenía como objetivo fundar dos ciudades en la costa de la nueva demarcación, aunque del objetivo al hecho hubo más que un trecho. La expedición estuvo conducida al fracaso desde el principio. Un huracán y un estrepitoso naufragio se llevaron por delante la vida de cerca de un centenar de hombres y obligaron a Narváez a desembarcar en los Everglades, zona pantanosa que dificultó la movilidad de toda la hueste. De esta guisa de contratiempos llegaron los españoles hasta la región de los Apalaches, de la que pronto huyeron por la hostilidad de los indígenas, recorriendo más de 400 km en tan sólo 10 días.

En su retirada, la expedición de Pánfilo de Narváez recorrió 400 km en tan sólo 10 días.

A su llegada a la costa, Alvar Núñez Cabeza de Vaca y sus compañeros no encontraron ni resto de los navíos que habían de aguardarlos, por lo que, fundiendo sus utensilios de metal, improvisaron 4 balsas con las que pretendían hacer cabotaje rumbo al Sur hasta llegar a Nueva España. La corriente dejó a l5 supervivientes en la “isla de Malhado” -llamada así por Alvar Núñez y probablemente en la actual Galveston, Texas- tras sufrir las corrientes del Misisipi. Allí los españoles fueron sometidos a cautiverio y servidumbre por los indios carancaguas. Cabeza de Vaca recuerda con gran pesar esta etapa: Yo no podía sufrir la vida que con estos otros tenía, porque entre otros trabajos muchos, auía de sacar las raýzes para comer debaxo del agua y entre las cañas donde estauan metidas en la tierra; y desto traýa yo los dedos tan gastados, que vna paja que me tocase me hazía sangre dellos y las cañas me rompían por muchas partes, porque muchas dellas estaban quebradas. Nada mejoró en el cautiverio de los españoles, que hubieron de sufrir muchas bofetadas y apalearlos y pelarles las baruas por su passatiempo. El destino de Cabeza de Vaca y sus compañeros parecía estar escrito bajo el yugo de los carancaguas, pero algo cambió su situación.

Cabeza de Vaca y sus compañeros fueron sometidos a la esclavitud por los indios carancaguas y sufrieron un sin fin de malos tratos.

Alvar Núñez narra con gran sorpresa en sus “Naufragios” que los quisieron hacer físicos (médicos) sin ni siquiera, cuenta, “examinarnos ni pedirnos título”. Comenta el jerezano que los nativos, creyéndoles seres extraños, les mandaron sanar a los enfermos a la manera de ellos, soplando al enfermo, y con aquel soplo y las manos echan dél la enfermedad. Y, a renglón seguido, confiesa Cabeza de Vaca: Nosotros nos reíamos dello diziendo que era burla, y que no sabiamos curar, y por esto nos quitaban la comida hasta que hiziésemos lo que nos decían. El hambre apretó tanto que, de la noche a la mañana, Cabeza de Vaca y sus compañeros pusieron parte de su empeño y todas sus oraciones en convertirse en los mejores médicos del mundo, tanto que cuenta que la manera con que nosotros curábamos era santiguándolos y soplarlos, y rezarse un paternoster y un avemaría, y, como más valía prevenir que curar, ante todo, rogar lo mejor que podíamos a Dios nuestro Señor que les diese salud y espirase en ellos que nos hiciesen buen tratamiento. Y así ganaron reputación los nuevos chamanes del poblado, tanta que la fama de los rostros pálidos traspasó fronteras y llevó el reclamo a otros asentamientos: Aquella misma noche que llegamos vinieron unos indios a Castillo, y dijéronle que estaban muy malos de la cabeza, rogándole que los curase; y después que los hubo santiguado y encomendado a Dios, en aquel punto los indios dijeron que todo el mal se les había quitado. Contentos por el resultado, los nativos fueron a sus casas y trujeron muchas tunas y un pedazo de carne de venado […] Y como esto entre ellos se publicó, vinieron otros muchos enfermos en aquella noche a que los sanase, y cada uno traía un pedazo de venado; y tantos eran, que no sabíamos adonde poner la carne.

De la noche a la mañana, por culpa del hambre, Cabeza de Vaca y sus compañeros improvisaron y se convirtieron en los chamanes más famosos de la región.

Aquello no fue el fin de la odisea de Cabeza de Vaca y sus compañeros, pero el conquistador confiesa que al menos les dio un respiro, y por ello, cuenta, dimos muchas gracias a Dios porque cada día iba creciendo su misericordia y mercedes. Y después que se acabaron las curas comenzaron a bailar y hacer sus areitos y fiestas hasta otro día que el sol salió.

Bibliografía:

  • Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Naufragios y comentarios.
  • Javier de Carlos Izquierdo, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, «Revista del Ejército de Tierra Español», nº 910.
  • Alfredo Jiménez Núñez, Cuando la realidad supera a la ficción. Los «Naufragios» de Alvar Núñez Cabeza de Vaca. «Revista de dialectología y tradiciones populares», tomo 60.
  • Alberto Prieto Calixto, Los cautiverios de Alvar Núñez Cabeza de Vaca. «Castilla: Estudios de literatura», nº 26.

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