Gerard Duelo, «Convictos», el nacimiento de Australia.

250 años después del viaje del capitán Cook, Gerard Duelo nos trae «Convictos», la historia de los reos que sentaron las bases de la Australia que conocemos

Cuando en 1770 el teniente de la Marina Real Británica James Cook puso pie en Botany Bay (Australia), no podía imaginar que aquella ensenada escondía todo un continente que en apenas dos décadas sería colonizado por convictos de la Corona británica. Hoy, 250 años después del desembarco de Cook, Gerard Duelo, un reposado y consagrado novelista, se encarga de poner nombre y apellidos a aquellos reos deportados que escribieron el nacimiento de la Australia que conocemos.

Me atiende desde sus retiro en la montaña, con vistas al mar, comenta. Menuda suerte. ¿Suerte o fortuna buscada? Duelo se considera un hombre hecho a sí mismo, perdió a su padre siendo un niño, y su afán de superación le han llevado desde muy joven a pisar el terreno de la aventura empresarial y conocer el desgaste del trabajo. Un trabajo que le ha alejado un poco de su gran pasión, la escritura, pero que gracias a su edad ha sabido domar y convertir en tiempo libre para escribir su primera gran novela, «Convictos». Una obra que según el Cónsul Honorífico de Australia John S. Rochlin, ha capturado perfectamente el ambiente de la época y destacado muchos aspectos interesantes de los primeros días de los convictos en la colonia.

Como novela de verdad, de la que pueda estar orgulloso, Convictos es la primera.

P: Lo primero es lo primero, ¿qué tal el confinamiento?

R: En Barcelona, con mucho trabajo, pero en cuanto se nos permitió marchar, me vine a esta finca.

P: ¿Qué es Convitos?

R: Por decirte algo, yo soy un impostor, el dinero y el ego me han llevado al camino del dinero y el ego. Cuando joven mi pasión era escribir, pero los estudios y el trabajo pesaban más. Desde muy pronto me ofrecieron importantes cargos en grandes compañías multinacionales que me llevaron hasta Estados Unidos, Londres… y no pude dedicarme plenamente a mi pasión. A los 65 años me dije, «voy a retomar la escritura, voy meterme más de lleno», toqué varios temas y me quedé con el de los convictos británicos a los que deportaron a tierras australes. A mi me gusta mucho navegar y viajé con mi mujer a Australia, Nueva Zelanda y Tasmania y comencé a tomar apuntes. Durante el confinamiento se agotó por la venta directa de la editorial y el boca a boca. Me ha sorprendido, ya va por la segunda edición y creo que la tercera está en camino.

P: ¿Tu primera novela?

R: Como novela de la que esté satisfecho, sí. No estoy muy orgulloso de la primera, aunque está publicada, se titula «El mal de sus carencias», pero no presumo mucho de ella. Por otra parte, en el año 1977, en plena transición, a mis 27 años, Rosa Regás, quien fuera Directora General de la Biblioteca Nacional, me publicó un diccionario político que llegó a los 33.000 ejemplares vendidos. También he escrito libros enfocados al ámbito mercantil y del marketing. Pero repito, como novela de verdad, ésta es la primera.

P: ¿Tu vida te ha inspirado para seguir escribiendo?

R: He sido un hombre que se ha hecho a sí mismo. Perdí a mi padre con 6 años y mis estudios en Londres me los costeé fregando platos. No había cumplido 30 años cuando yo ya era viudo. He vivido 7 vidas. Me gusta vivir.

La Corona británica dio tanta importancia a Australia por la necesidad imperiosa de exportar población

P: ¿Algún referente a la hora de escribir?

R: Me gusta Dickens, aquellos ambientes londinenses, ese mundo colonialista… Soy muy desriptivo, lo prefiero a la trama. Para escribir tengo preferencias y para leer, otras. Conozco a todos los del 98, y me gustan, pero prefiero un castellano más moderno.

P: ¿En qué fuente bibliográficas te has inspirado?

R: Había muy poco, y sobre todo en inglés. Me dije, «coño, hay que ver lo poco que hay publicado», Encontré un libro de la historia de Australia, otro del capitán Finders, que acompañó a Cook para el estudio de la botánica. Pero de donde empecé a encontrar más información fue en las tiendas de souvenirs australianas que se ubicaban en antiguos presidios o cárceles. Cada tienda editaba un folleto en la que relataba como vivían los convictos encarcelados del lugar, y así, poco a poco, fui tomando notas de aquellas publicaciones para meterme más de lleno en la vida de estos hombres que conformaron los 50-70 primeros años de vida de Nueva Gales del Sur. En realidad he tirado de cientos de pequeñas fuentes. Por otra parte, no solo ha habido microhistoria. Las grandes fuentes bibliográficas las he usado para documentarme acerca de los gobernadores o los hallazgos de oro en Melbourne, momento en el cual Australia comienza a tener importancia.

La ley de deportación se endureció mucho en la Gran Bretaña del XVIII. Bastaba con que robaras unos zapatos para que te expulsaran del país.

P: ¿En qué momento la Corona Británica da importancia a Australia?

R: Justo cuando tiene la necesidad imperiosa de exportar población. El crecimiento demográfico era tan grande que, viéndose abrumada, la Corona tomó la decisión de endurecer la ley de deportación (bastaba con robar un zapato) para enviar a las colonias el excedente poblacional. En un primer momento, las 13 colonias norteamericanas fueron las receptoras de este excedente, pero en 1775 estalla la guerra de independencia y aquí termina el envío de presos a América. Pero la ley de deportación continuó. En aquella época la mayoría de cárceles inglesas eran privadas, y el Estado tenía que pagar a sus dueños por su uso. Se tomó la determinación de meter a estos reos en portones, antiguos barcos de la marina británica que, impedidos para la navegación, quedaban a flote en las orillas del Támesis. Por su puesto, todos en pésimas condiciones. Pronto se recordó que el capitán Cook había recorrido en varias ocasiones una tierra austral aún por colonizar. Allí había algunas colonias holandesas, pero de muy poco peso, por lo cual tomaron la determinación de mandar a toda esta población convicta a aquella tierra, así mataban dos pájaros de un tiro: se libraban del excedente poblacional y aseguraban una nueva colonia.

Había muy poco escrito sobre esta época. Empecé a encontrar más información en las tiendas de souvenirs australianas ubicadas en antiguos presidios.

P: ¿Dónde podemos encontrar tu libro y en qué formatos?

R: Pues en Amazon o Casa del Libro, por ejemplo. No quería esperar mucho para publicar mi libro, así que aposté por una pequeña editorial que me ofreció un lanzamiento inmediato, el único problema es su falta de distribución en las librerías, que por cierto se ha agravado con esto de la pandemia.

P: Muchas gracias por tu tiempo Gerard. Mucha suerte.

R: Gracias a ti.

CONVICTOS, UNA HISTORIA DE LIBERACIÓN

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