“Mi vida ha sido un largo viaje” escribió cierta vez un melancólico y abatido Carlos V al final de su vida. Exhausto, machacado por el paso de los años y por su infatigable actividad, hacia 1556 el que fuera el monarca más poderoso de la Cristiandad decidió abandonar todas sus obligaciones gubernamentales y retirarse al apacible monasterio de la Orden de San Jerónimo en Yuste situado en la comarca de la Vera, Cáceres, al noroeste de la reposada Extremadura.

Gráfico extraído a partir del artículo de Claudia Möller Recondo.

En 1556, agotado y con 56 años, Carlos V decide dejar sus cargos de gobierno y retirarse al monasterio de Yuste.

Decepcionado por no haber podido consagrar aquel imperio universal encarnado en la Cristiandad que Lutero hizo saltar por los aires inesperadamente, Carlos se retiró a reflexionar. A reflexionar sobre sus errores y aciertos, a reflexionar sobre lo que él consideraba haber fallado a Dios y a su propia dinastía (A.E.I.O.U, “Austriae est imperare orbi universo”; “El destino de Austria es gobernar el mundo entero”), a reflexionar sobre aquel mundo en el que ya no había cabida para reyes como él, reyes consagrados a la guerra y a viajar sin descanso a lo largo de sus vastos territorios en pos de la estabilidad de los mismos.

A lo largo de su vida, Carlos V visitó más de mil lugares distintos entre Europa y África.

El historiador Enrique Martínez Ruiz apunta en su libro “Felipe II. Hombre, rey, mito”, que Carlos V, entre Europa y África, visitó más de 1.000 lugares distintos a lo largo de su vida. 9.000 días fueron los que pasó en los Países Bajos, más de 6.000 en España, cerca del millar en Italia, 8 meses de navegación, 4 estancias en Francia, 2 en el norte de África y otras 2 en Inglaterra. Madrid, Barcelona, Gante, Brujas, Tréveris, Luxemburgo, Florencia, Roma, Bolonia, Milán… fueron algunas de las ciudades testigos del paso del último rey guerrero-viajero, el último monarca a caballo entre la Edad Media y la Edad Moderna.

Bibliografía:

  • Claudia Möller Recondo. Viajes y estancias de Carlos de Habsburgo, quinientos años después.
  • Enrique Martínez Ruiz. Felipe II. Hombre, rey, mito.

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